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Cómo limpiar y cuidar tus gafas de sol

Manos limpiando las lentes de unas gafas de sol negras con una gamuza de microfibra

Muchas de las rayas que aparecen en unas gafas de sol no vienen de un golpe, sino de limpiarlas deprisa con la camiseta. Cuidarlas bien no lleva más de un minuto. Te contamos cómo limpiarlas sin dañar las lentes, qué productos evitar y cómo guardarlas para que te acompañen muchos veranos.

La limpieza correcta, paso a paso

Empieza por lavarte las manos: la grasa de la piel y los restos de crema acaban en las lentes. Después:

  1. Aclara las gafas bajo un chorro de agua tibia, nunca caliente, para arrastrar el polvo, la arena y la sal antes de tocar las lentes. Es el paso que más importa, porque lo que raya una lente es arrastrar un grano de arena al frotar.
  2. Pon una gota de jabón neutro (sirve un lavavajillas suave, sin cremas ni aditivos) y extiéndela con las yemas de los dedos por las dos caras de las lentes, el puente, las plaquetas y las varillas, donde se acumulan el sudor y la grasa.
  3. Acláralas otra vez hasta que no quede espuma.
  4. Sacude el agua y sécalas con un paño de microfibra limpio o con uno de algodón que no suelte pelusa, dejando que absorba el agua sin frotar con fuerza.

Cuando no tengas agua a mano, puedes usar un spray limpiador específico para gafas o toallitas pensadas para lentes. La microfibra en seco solo debería usarse para quitar una huella sobre una lente que ya está limpia.

Lo que nunca deberías hacer

El gesto más habitual es también el más dañino: limpiarlas en seco con la camiseta. El tejido arrastra el polvo y la arena que ya hay sobre la lente y la raya. Tampoco sirven los pañuelos de papel, las servilletas ni el papel de cocina, que están hechos de fibras de madera y, aunque no lo parezca, son abrasivos. Y echarles el aliento antes de frotar no limpia nada: el vaho solo humedece la suciedad, que sigue ahí.

Con los productos, cuanto más suave, mejor. La acetona, la lejía, el amoníaco o los limpiacristales pueden dañar los tratamientos de las lentes y el acabado de la montura, sobre todo si es de acetato. Y desconfía de los remedios caseros que circulan por internet: la pasta de dientes o el bicarbonato no eliminan las rayas, porque también son abrasivos y estropean los tratamientos.

El paño de microfibra también se lava

Un paño sucio raya tanto como la ropa. Lávalo a menudo, a mano con agua y jabón neutro o en la lavadora con agua fría, y siempre sin suavizante: deja una película que mancha las lentes. Después, déjalo secar al aire.

Después de la playa o la piscina

En verano, las gafas conviven a diario con el agua salada, el cloro, la arena y la crema solar. Al volver de la playa o de la piscina, acláralas con agua dulce y lávalas como te explicamos arriba. No dejes que se sequen con restos de sal: con el tiempo afectan a las bisagras y a los acabados metálicos.

Ponte la crema antes que las gafas y deja que se absorba. Los filtros solares, igual que algunos perfumes y lacas, pueden manchar las lentes y deteriorar el acabado de la montura.

Cuidado con el calor

El calor daña las gafas más de lo que parece. En verano, el salpicadero de un coche aparcado al sol puede superar con facilidad los 60 °C. A esas temperaturas el acetato puede deformarse, y los tratamientos de las lentes, como el espejado o el filtro polarizado, pueden agrietarse o despegarse.

No las dejes en el salpicadero ni en la bandeja trasera, ni cerca de una fuente de calor como un radiador o una barbacoa. Si tienes que dejarlas en el coche, guárdalas en su estuche y a la sombra, por ejemplo en la guantera.

Cómo guardarlas y manejarlas

Sueltas en el bolso o en el bolsillo, las lentes rozan con llaves, monedas y cremalleras, así que guárdalas siempre en su estuche; si es rígido, las protege también de los aplastamientos. Además de eso, bastan tres costumbres:

  • si las dejas un momento sobre una mesa, apóyalas sobre las varillas, con las lentes hacia arriba;
  • póntelas y quítatelas con las dos manos, porque tirar de una sola varilla fuerza las bisagras y acaba desajustando la montura;
  • no las uses de diadema: llevarlas en la cabeza abre las varillas y deforma el ajuste, además de llenarlas de grasa y de restos de productos para el pelo.

Revisiones y pequeños ajustes

De vez en cuando, comprueba que las bisagras no tengan holgura. Los tornillos pueden aflojarse con el uso: se aprietan con un destornillador de precisión, sin forzar. Si las gafas se han abierto o se tuercen, un óptico puede ajustarlas, ya que el acetato se moldea con calor y las plaquetas de las monturas metálicas se ajustan a mano. No intentes calentarlas tú con un secador.

Si acabas de recibirlas y aún no sabes si te las quedarás, no las ajustes todavía: un ajuste puede restarles valor si después decides devolverlas.

Una raya en la lente no tiene arreglo: no se puede pulir sin dañar los tratamientos. Por eso lo más importante es prevenirla.

Resumen

Cuidado de las gafas de sol: qué hacer y qué evitar
Haz esto Evita esto
Aclarar con agua tibia antes de frotar Frotar en seco con la ropa
Lavar con jabón neutro y secar con microfibra limpia Papel, servilletas, limpiacristales o acetona
Guardarlas en su estuche Llevarlas sueltas en el bolso o en la cabeza
Dejarlas a la sombra Dejarlas en el salpicadero al sol
Aclarar la sal y el cloro con agua dulce Dejar que se sequen con restos de sal

Cuidado y garantía

Tus gafas Raysol tienen una garantía legal de 3 años que cubre los defectos que tuvieran al recibirlas, pero no los daños causados por el calor, los golpes, los productos químicos o una limpieza inadecuada. Tienes todos los detalles en la página de garantía. Y si dudas de qué lente te conviene para el próximo verano, empieza por nuestra guía de categorías de filtro, UV400 y marcado CE.

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